Por: Dra. Brenda Minalla

Los cambios hormonales que se experimentan durante el embarazo hacen a las mujeres más susceptibles, provocándoles alteraciones anímicas y múltiples molestias. A continuación te presentamos los cuatro malestares más habituales que pueden aparecer durante este periodo y los pasos que debes seguir para sentirte bien. Toma nota y prepárate para estos “asaltos” de la naturaleza.

Mareos. Pueden aparecer en cualquier momento del día, en especial después de comer o al levantarse repentinamente.

Causas posibles: Suceden debido a que el aumento de hormonas en tu cuerpo hace que los vasos sanguíneos se ensanchen y se relajen. Otras razones de desfallecimientos pueden ser: deshidratación, anemia, calor, una baja de la presión arterial o de glucemia.

Qué hacer: Cómete un caramelo, esto ayudará a compensar el nivel de glucosa en la sangre. Mide la cantidad de líquido que has ingerido y si te sientes deshidratada toma abundante agua y jugo de frutas. Trata de no saltar comidas, recuerda que ahora debes alimentarte por dos. Si el mareo se prolonga siéntate con la cabeza en medio de tus rodillas para que ayudes a circular tu torrente sanguíneo hasta que te sientas mejor o recuéstate con los pies en alto.

Dolor de cabeza. Esta es una de las molestias más comunes durante el embarazo y aunque tienen a ser más frecuentes entre el primer trimestre.

Causas posibles: Las cefaleas son producidas por las constantes variaciones hormonales que la mujer experimenta durante la gestación junto al aumento del volumen de sangre que circula por su cuerpo. Otros orígenes podrían ser: la deshidratación, el estrés, la falta de sueño, una mal postura, problemas de la vista o bajos niveles de azúcar en la sangre.

Qué hacer: Para evitar o controlar los dolores de cabeza usa compresas de agua fría en la frente y la nuca para relajar ambas zonas. Recuéstate sobre tu lado izquierdo, haz ejercicio moderado para que circule mejor la sangre y come varias veces al día para evitar que tu azúcar baje. Otras sugerencias son la relajación, el descanso y practicar una mejor postura para el cuerpo. Si el dolor de cabeza persiste no dejes de consultar a tu médico, pues esto podría ser síntoma de un trastorno hipertensivo del embarazo.

Náuseas. Se ha demostrado que más de un 70% de las mujeres embarazadas se enfrentan a esta molesta sensación, especialmente en las mañanas cuando las hormonas están en su mayor apogeo.

Causas posibles: Aunque no se ha concretado aún, se cree que los picos de estrógenos o la producción de gonadotropina coriónica humana, también conocida como ‘la hormona del embarazo’ son las causantes de las náuseas y vómitos. Otros factores pueden ser: un estómago sensible que esté siendo afectado por los cambios del embarazo o cansancio físico.

Qué hacer: Trata de mantenerte en ambientes frescos, pues pasar mucho tiempo en espacios calurosos pueden fatigarte y aumentar tu malestar. Reduce la ingesta de las frutas cítricas y los alimentos ácidos o lácteos, pues estos tienden a aumentar las náuseas, pueden provocar vómitos y malestar gastrointestinal.

Fatiga y sueño. Aunque el cansancio tiende a ser distinto en cada mujer, estas variaciones van desde el agotamiento generalizado con necesidad de descansar y dormir a toda hora hasta el desfallecimiento absoluto.

Causas posibles: Esto se debe a que los órganos de tu cuerpo involucrados en el proceso de gestación están trabajando mucho más de lo que antes lo hacían para poder crear la placenta y hacer posible la formación de tu bebé. El corazón debe producir más sangre para llevar nutrientes a tu hijo en crecimiento y algunas hormonas pueden provocarte insomnio, impidiéndote tener un sueño reparador. Todo esto requiere de un consumo mayor de energía. La segregación continua de progesterona conduce a la somnolencia e incluso a desequilibrios emocionales.

Qué hacer. Evita tomar muchos líquidos antes de dormir, para que así no tengas que levantarte para ir al baño e interrumpir tu sueño. Descansa todo lo que puedas, aprovecha cualquier rato libre para relajarte, recostarte o dormir. Ajusta tu horario, ya sea que te vayas a la cama más temprano o que te tomes permisos en el trabajo para dormir una siesta cada día. El ejercicio moderado y una alimentación basada en vegetales, hortalizas y proteínas también te ayudarán a tener más energía.