Por Iván Moreira- El pasado martes falleció Rodolfo Talamonti, ex ayudante de campo de Ángel Labruna y parte de una de las etapas más exitosas de River Plate. Desde redacción, te contamos una de las tantas historias para recordarlo.

En tiempos donde la palabra no tiene la misma fuerza que antes, por suerte aparecen personas que trascienden y no entienden de generaciones. Es que, al nombrar al tiempo, cualquiera puede adjudicarse ciertos personajes como propios, y como está en la esencia del ser humano, no quieran compartirlos.

Rodolfo Talamonti ha dejado una historia para todos aquellos que de alguna manera, sin ofender, son superficiales (me incluyo). Pero lo que hoy quiero contar, es quizás, poniéndome en una postura omnipresente gracias a los ojos de personas que me dejaron verlo sin conocerlo.

Hace un tiempo, Nano (mi amigo) comenzó a trabajar en el club central, donde Rodolfo frecuentaba dibujando la tarde para todos aquellos que estaban dispuestos a enriquecerse de anécdotas.

Un ser querible, no solo por aquellos fanáticos de River quienes lo inmortalizaban en sus recuerdos deportivos; sino para personas, como las del club que lo quisieron realmente de corazón. “Cuando me muera no quiero velorio, quiero que se junten a comer y a recordar anécdotas y que mis cenizas sean esparcidas en el monumental. En uno de los Arcos, así atajo alguna y los ayudo” comentaba Rodolfo.

Una persona que estuvo en una de las épocas más gloriosas del club, con su enorme humildad generó trascender ese espacio-tiempo en distintas generaciones. Nano, junto con otros amigos de Rodolfo y obviamente familiares, a quien pido disculpas por tomarme el atrevimiento de escribir esto, lo hicieron realidad. Cumplieron con su palabra. Rodolfo Talamonti falleció físicamente tras una larga vida de anécdotas y enseñanzas, pero definitivamente sigue vivo en cada recuerdo y en cada charla en el club central donde siempre estará presente.

Que en paz descanse, pero que sepa que desde acá, Nano y la banda van a interrumpir esa paz constantemente para traerlo todos los días un rato en cada charla, y que seguramente tendrá que parar muchos pelotazos para ayudar a su River querido, como siempre lo hizo.

Amigos y familiares de Rodolfo junto a Ubaldo «el pato» Fillol.

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