Las vacaciones y los paseos por la playa invitan a dejar de lado los zapatos cerrados para adoptar otro más cómodo, como ojotas o chancletas. Pero este tipo de calzado puede hacer sentir su influencia en la salud, si se usa de modo prolongado.

“Un calzado inadecuado puede ser el desencadenante de múltiples problemas: dolores de columna, planta del pie, deformidades en los dedos, callosidades, inflamación del tendón de Aquiles, dolores de gemelo, edemas y pequeñas varices”, enumera el especialista en quiropraxia Marcelo Barroso Griths.

Barroso admite la comodidad de las ojotas, pero asegura que “son el calzado más peligroso en el verano” ya que al caminar con ellas no se realiza un apoyo correcto y se altera el arco plantar y el talón. “Los talones chocan con el suelo y alteran el ritmo natural al caminar. Y al adoptar una mala postura, esto repercute de forma directa en rodillas, caderas, y columna vertebral. Aumenta el riesgo de caídas y de esguinces”, detalla.

El especialista también alerta sobre los daños que producen los zuecos de goma ya que como la parte posterior es abierta no brindan contención al pie, ponen en riesgo de quebradura o esguince al talón de Aquiles. Además, según Barroso, como el talón está inestable, los dedos de los pies tienden a apretarse y se puede producir tendinitis, callos o ampollas y la poca estabilidad daña la postura.

“Es importante que nuestro calzado para verano sea liviano, para no cargar nuestras piernas. Lo ideal es que las suelas estén confeccionadas con materiales resistentes pero ligeros y que amortigüen la pisada. La sujeción en el tobillo es imprescindible para un calzado con el que vayamos a caminar en el día a día. Sin una buena contención cargaremos en exceso nuestras articulaciones y musculatura al caminar”, sintetiza el especialista.