Enseñar a preparar una versión natural, casera y económica de repelente para mosquitos es uno de los objetivos de un taller abierto y gratuito del Hospital Italiano, en el que los asistentes reciben además capacitación en medidas comunitarias de prevención, como la eliminación de criaderos, porque “la conducta individual no te salva de una epidemia”

Tres puñados de plantas con propiedades repelentes, más vinagre, alcohol, agua y aceite esencial de citronella bastan para preparar un producto “casero y natural” capaz de reemplazar el que ofrece la industria farmacéutica cuando está destinado a personas que no fueron diagnosticadas con dengue, malaria, o chikungunya.

“El repelente químico está claramente indicado para una persona enferma, ante la cual se deben tomar medidas para que no lo pique un mosquito, como el aislamiento y el uso de repelente a base de piretroides”, explicó a Télam Silvana Figar, jefa de la Sección de Epidemiología Clínica del Hospital Italiano.

“Pero como una persona sana no puede estar tres meses bañada en ese repelente que hay que reponer cada 4 o 6 horas, queremos poner en conocimiento de la población recetas para la elaboración de repelentes caseros aprobados en la Anmat y basados en aceite esencial de citronella en un concentración del 15%, que actúa por períodos de dos horas”, agregó.

Más allá de su alto costo, el repelente comercializado por la industria farmacéutica “puede alterar el neurodesarrollo en niños a largo plazo” y siempre “es mejor elegir un producto lo más natural posible para la piel, ya que siempre va a ser menos alergénico”, según la especialista que dictará el taller previsto para este jueves a las 13 en la sede de Perón 4230.

Al taller, los asistentes sólo deben llevar una botella limpia y vacía, dado que el centro médico les provee el resto de los materiales necesarios, ya sea ingredientes o equipamiento.

“Pero hay un paradoja en el repelente y es que da una falsa sensación de que, usándolo, ya te cuidás y no hace falta erradicar los criaderos”, cuando ésta última es en realidad “la medida más importante y casi la única que previene una epidemia” porque “el repelente no es un insecticida, solo cuida unas horas, dependiendo del producto activo, pero más tiempo de prevención, mayor riesgo de toxicidad”, dijo Figar.

La médica cuestionó que las campañas de prevención concienticen “desde el miedo”, haciendo hincapié “demasiado en el cuidado individual y no en las acciones colectivas que requiere el manejo efectivo de una epidemia”.

“La idea con estos talleres es conformar una red de multiplicadores de la prevención, que puedan replicar estos conocimientos con sus familiares, en sus hogares y en sus barrios”, dijo.

En el fondo, se trata de “cambiar la lógica paternalista del Estado que te cuida” fumigando a la población o tocando puertas para descacharrar, “por una comunidad consciente que define qué necesita para seguir construyendo un ambiente saludable y un Estado que se acerca a escuchar” y aporta según los requerimientos, ya sea “guantes, camiones para limpieza espacio público y demás”.

En virtud de la alta demanda, el hospital ofrecerá más talleres de repelentes caseros, que serán oportunamente informados en sus redes sociales.