Las películas de la saga ‘Toy Story’ siempre se han caracterizado por incluir, de un modo u otro, algún personaje que conecta con el cine de terror en alguna de sus formas. Pixar juguetea con la idea de que un muñeco inanimado que adquiere vida, por muy entrañables que nos pongamos, ya da algo de yuyu de por sí, y por eso desde su primera entrega teníamos los juguetes monstruosos y deformes del vecino de Andy, que llevaban a cabo una inteligente y escalofriante revisión de ‘Freaks’. 

Los momentos de suave -pero inquietante- reflexión sobre el temor cerval e instintivo que nos producen los muñecos, mucho más si son de tipo vintage, cierra el inevitable círculo con ‘Toy Story 4’, donde una vieja tienda de antigüedades es el entorno perfecto para generar algo de pánico en los héroes y el espectador. Por una parte está la muñeca Gabby Gabby, una especie de Baby Jane que se da ominosos paseos por la tienda y que solo quiere una caja de voz para volver a ser una estrella entre las muñecas. Pero es su criado Benson al que inevitablemente podemos relacionar con otros muñecos míticos del cine de terror.

Los Benson (porque hay varios, como un ejército mudo de monchitos) son muñecos de ventrilocuo que han sido definidos en la película con inquietante inteligencia: mudos (porque es su usuario el que les pone la voz), solo tienen articulado el cuello, que pueden girar 360 grados, y las piernas les sostienen a duras penas porque estas extremidades no tienen partes sólidas. Sin embargo, todos estos elementos no son nuevos: el muñeco de ventrilocuo, su particular naturaleza y su espeluznante aspecto de niño vestido de comunión o adulto ridículo han inspirado múltiples historias de terror. Hemos recopilado algunos de los más notables: estos son los abuelos de Benson.   

El trío fantástico (1925)

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Por supuesto que si alguien podía inaugurar este conglomerado de mal rollo rígido y desazón a distancia eran Tod Browning y Lon Chaney. Juntos hicieron dos versiones de esta historia (una muda en 1925 y otra sonora en 1930), basándose en una novela de Tod Robbins (también autor del relato en el que se inspiró ‘Freaks’). Aquí el ventrilocuo y su muñeco son un detalle lateral, ya que no suponen más que un disfraz para un criminal que junto a un enano que finge ser un bebé, un forzudo y una femme fatale cometen una serie de crímenes.

Más conocida que la encarnación de Chaney como ventrilocuo es su conseguidísimo, y posterior en la trama, disfraz de anciana. Pero, en cualquier caso, no deja de ser significativo que en una época tan temprana de la historia del cine, la ventriloquía (aquí el artista recibe el significativo nombre de Echo) esté asociada a la maldad y el crimen. 

El otro yo (1929)

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Entramos ya en materia escalofriante con una película que deja bien claro por qué nos resultan inquietantes los muñecos de ventrilocuo: son versiones de sus dueños (a menudo, también físicamente) a las que se les ha sustraído todo tipo de límite moral. Pueden decir y pensar todo lo que sus dueños se ven obligados a frenar por las convenciones sociales. Es decir, lo que los hace divertidos, convirtiéndolos en bufones, es también lo que los hace aterradores. 

Así sucedía en ‘Mi otro yo’, donde Erich Von Stroheim es un fascistoide ventrilocuo capaz solo de demostrar sentimientos a través de su muñeco. Cuando su amada le abandona, nuestro artista se desquicia y es capaz de empatizar solo con su inquietante miniyó. No exactamente una película de terror, pero sí un drama (con números musicales) que incluye ciertos elementos de psycho-thriller. El resultado es absolutamente inclasificable y muy pasado de moda, pero esencial para trazar las raíces del muñeco zumbado como vehículo de inquietud.

19 películas y series con las que alimentar nuestro miedo a los muñecos vivientes

Al morir la noche (1945)

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Una de las primeras y mejores películas de episodios de terror de la historia es esta modesta producción Ealing que terminó de refrendar a los muñecos de ventrilocuo como perfecto material para pesadillas. Aquí se cuenta la historia de un artista que cree que su compañero en las actuaciones, el muñeco Hugo, caracterizado por su manifiesta inmoralidad, está vivo. Por supuesto, la historia se beneficia de la fantasmal atmósfera de pesadilla de una película mediatizada por el desquiciado protagonista, lo que proporciona un delicioso final para la historia del muñeco.

‘The Twilight Zone’ – The Dummy (1962)

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Uno de los episodios más conocidos de la etapa clásica de ‘The Twilight Zone’, perteneciente a la tercera temporada, y también uno de los más indiscutiblemente creepy de toda la serie debido al espeluznante aspecto del muñeco, Willy. Aquí, Cliff Robertson es un ventrilocuo que ha desarrollado auténtico pánico hacia su inanimado (o no) compañero, lo que le lleva a sustituirlo por otro más inofensivo. Pero el muñeco original no está dispuesto a ser reemplazado. Un episodio icónico y, debido al fuerte calado en la cultura popular de la serie de Rod Serling, uno de los principales responsables del mito del muñeco de ventrilocuo diabólico

Hipnosis (1962)

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El único largometraje español sobre el tema se estrenó el mismo año que el mítico episodio ‘The Dummy’ de ‘The Twilight Zone’, pero su inspiración parece estar más bien en ‘Al morir la noche’. En coproducción con Alemania, su director es el reivindicabilísimo Eugenio Martín (‘Pánico en el Transiberiano’, ‘Una vela para el diablo’) y cuenta en tono de drama sobrenatural cómo el asesino de un ventrilocuo es víctima de un insospechado vengador del más allá. La investigación policial llega a la conclusión de que el único testigo ha sido el muñeco Grog, y todo se desarrolla entre interpretaciones afectadísimas y muy teatrales y una deliciosa trama donde los policías están más que abiertos a explicaciones delirantes de lo que sucede. 

‘The Twilight Zone’ – Caesar and Me (1964)

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En la quinta temporada de la serie, Jackie Cooper dio vida a un ventrilocuo que está pasando por una mala racha financiera. Su propio muñeco le convence de que cometa robos que le ayuden a salir del bache. No sabe, claro, que estos malditos muñecos son maestros a la hora de fingir en los interrogatorios. Otra pequeña joya protagonizada por el mismo muñeco de ‘The Dummy’ que, por cierto, ahora se encuentra perfectamente conservado en el museo privado de artilugios mágicos y teatrales de David Copperfield.

El muñeco diabólico (1964)

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No confundir, claro, con la popular franquicia protagonizada por Chucky. Esta semidesconocida pero absolutamente imprescindible película de Lindsay Shonteff, que acabó especializándose en cine de espionaje y acción, también coincide en su título original (‘Devil Doll’) con una película de Tod Browning que no tenía ventriloquía, pero sí un argumento con puntos en común: aquí, un mago aprende en Oriente a introducir el alma de una persona en un muñeco, que puede pensar, hablar y desplazarse. Peculiar cruce de ideas, precisamente, con ‘Child’s Play’.

Protagonizada por Bryant Haliday, un semidesconocido actor muy poco prolífico a quien se vio en unas cuantas películas infrapresupuestarias de la época, ‘El muñeco diabólico’ se beneficia de sus bajísimos medios, que dan un aura sórdida y fantasmal a la historia, cuya ridiculez de partida proporciona un aire aún mayor de delirio tóxico. Los planos del muñeco andando a trancas y barrancas, poseído, son de los que perduran en la retina del espectador.

Las 21 mejores películas de cine de culto de la historia

Magic (1978)

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Más cerca de ‘El otro yo’ que de ‘El muñeco diabólico’, esta película de Richard Attenborough conserva un indiscutible encanto camp por su falta de prejuicios a la hora de mezclar melodrama (un ventrilocuo se enamora perdidamente) con terror psicológico (su muñeco no está de acuerdo). Sin elementos sobrenaturales, la película se habría beneficiado de alguna que otra explicación para el comportamiento de su protagonista, que parece que se despacha con un “es una película de ventrilocuos asesinos, todo vale“. Aún así, el macabro magnetismo del muñeco Fatso es indiscutible. 

‘Historias para no dormir’ – Freddy (1982)

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Aunque su extensísima duración (más de hora y media) juega por completo en su contra, y la revitalización de ‘Historias para no dormir’ de los ochenta -solo se rodaron cuatro episodios de los 13 previstos- está lejos de los clásicos del escalofrío catódico de Chicho Ibáñez Serrador, ‘Freddy’ merece una revisión. Además de ser una de las pocas entradas españolas en esta lista, su ambiente opresivo de giallo enfermo y moralizante es delicioso, y la conclusión -que enlaza más con ‘Dónde te escondes hermano’ que con ‘Al morir la noche’- revaloriza esta historia de una compañía de vodevil donde se cometen espeluznantes crímenes. 

‘Historias de la cripta’ – The Ventriloquist’s Dummy (1990)

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Apenas diremos nada de este episodio de la segunda temporada de ‘Historias de la Cripta’, más allá de que cualquier comentario sobre su conveniencia o no de aparecer en esta lista puede considerarse spoiler. A los lectores de cómics de terror más curtidos les bastará con saber que el mítico Graham Ingels ilustró la historia original, lo que ya es bastante razón para sospechar que aquí hay monchito encerrado. Al resto les espera una historia de ventriloquía distinta y viscosa, con un Don Rickles como veterano artista del music hall altamente histriónico e inquietante.

Silencio desde el mal (2007)

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Nadie sabe muy bien qué trauma infantil debe tener James Wan con los muñecos siniestros, pero lo cierto es que no podemos sino celebrarlo. Quizás las más conocidas de sus creaciones sean el moñeco del triciclo de ‘Saw’ y, por supuesto, ‘Annabelle’, pero nuestro favorito es Billy, el muñeco de la siniestra artista de variedades Mary Shaw. Por una vez, muñeco y dueña conforman un combo fantasmal para una película que no funcionó en taquilla en su día, pero que el tiempo está devolviendo a una privilegiada posición de culto. Despiadada, gótica y con unas cantidades de grand-guignol y delirio absolutamente demenciales, esta es la auténtica joya de la corona de Wan.